CUÁNDO EL APRENDIZAJE DEJA DE SER UN DESAFÍO Y SE CONVIERTE EN UNA AMENAZA.

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CUÁNDO EL APRENDIZAJE DEJA DE SER UN DESAFÍO Y SE CONVIERTE EN UNA AMENAZA.

Durante los años de trabajo en estos contextos, siempre he escuchado una idea que, palabras más o palabras menos, se refiere a que los y las jóvenes cada vez que están a punto de lograr un objetivo (que en la mayoría de los casos son impuestos) se auto sabotean, lo que en palabras simples significa que fallan a propósito o quizás hay una fuerza interna que los hace fallar y resulta más cómodo y fácil juzgar la forma y no el fondo.  

En el trascurso del tiempo y mientras configuro estas ideas, evoco por inercia nombres de diferentes jóvenes que simplemente durante un proceso “exitoso”, van demostrando desinterés, presentan dificultades con la frecuencia de trabajo y toda la rutina armada comienza a diluirse progresivamente, siendo aquí  donde se complejiza el asunto, pues muchas veces las señales son sutiles y las lecturas no resultan ser las adecuadas, sin quererlo estamos contribuyendo a formar una bola de nieve, con temores o miedos, que muchas veces están maximizados y otros que no dicen relación con la realidad transformándose en la crónica de una muerte anunciada.   

En efecto el auto sabotaje, más bien dice relación con el miedo al fracaso, pero ese miedo paralizador, que todos en algún momento lo hemos sentido y que puede ser provocado  por cualquier situación interna o externa y en ambas nosotros como educadores podemos hacer diferencias. La educación de las emociones o la propia exploración y conocimiento, están más vinculadas a una formación espiritual, algo bastante alejado del currículum tradicional, en donde se promociona la competencia academicista de toda una comunidad escolar, entonces preocuparse de las emociones, parece que no está en el foco de muchos. 

La emoción es el motor interno que cada persona tiene, no se puede decidir que emoción se debe tener ante tal o cual situación, pero sí que se logre identificar y orientar en un plan de acción acotado y personalizado (no tratándose de tener un trabajo psicológico), que fomente la sensación de competencia y capacidad, reforzando de manera permanente la seguridad.  De igual forma  el educador puede ser un interlocutor válido que sabrá buscar diversas maneras de exponer e incitar que otros contribuyan en la solución del problema (trabajo complementario). Es válido preguntarse si las personas para las cuales trabajamos ¿saben identificar el miedo? y ¿cómo lidian con él? De esa manera también se puede entender un fenómeno que tiene una arista social donde a ciertos grupos se les prohíbe tener miedo o llorar y aparecen esas frases para el bronce como  por ejemplo “los hombres no lloran” y si no pueden llorar, cómo expresan la tristeza, el miedo o la frustración.  Comienzan a activar esos mecanismos de defensa que todos tenemos, que los podemos identificar, incluso podemos pedir ayuda, porque como adulto tengo claridad que no soy más o menos persona por requerir un apoyo. Pero en este contexto muchas veces pude ser visto como signo de debilidad, vislumbrando un sesgo de la cultura machista, el cual  también se expresa en estas situaciones, la poca capacidad de visualizar otras soluciones y considerar otros puntos de vista. En estas últimas ideas aparece la riqueza del trabajo psicopedagógico, la plasticidad con que se puede formar o deformar un contenido, demostrando de forma concreta que las cosas se pueden resolver de otra manera, los docentes pueden desarrollar  desde el vínculo, la adquisición de herramientas que servirán en el proceso socioeducativo y entregaran esa sensación de competencia desde lo real.

Se hace urgente resignificar el concepto de enseñanza-aprendizaje que ellos tienen, lo que en la práctica muchas veces significa apoyar en un proceso de reparación de un daño, casi la totalidad de los y las jóvenes presenta la desesperanza aprendida, observándose una no valoración de sus capacidades, ya que constantemente escucharon incluso de sus familias “que no servían para nada” y es aquí en donde el rol del educador debe buscar romper ese paradigma, potenciando sus habilidades cognitivas y reafirmándolas con la entrega de contenidos significativos, que apele al desarrollo de la habilidad de competencia, una forma directa de demostrar que es capaz de hacer las tareas propuestas, evidenciando los avances y mediando constantemente.  También deberá considerar el auto sabotaje, identificando los miedos y generando situaciones que permitan descartar situaciones de riesgo.

Pero ciertamente  atribuir todo a los procesos internos  de cada persona, no es mirar el cuadro completo, aquí hay un sistema de evaluación que está diseñado para cuantificar el conocimiento adquirido y que dado a los procesos socioeducativos que vivencian los y las jóvenes en estos contextos queda corto, porque la modalidad no formal, no es una escuela y por ello no se alcanzan a entregar todos los contenidos dispuestos en los planes y programas, chocando con la realidad de cada uno de los y las  jóvenes que están fuera de un sistema escolar, por una cantidad de años considerable y en casi la totalidad su último curso aprobado no dice relación con la cantidad de contenidos adquiridos, se suma que relación con la figura del profesor/a esta dañada.

Pretender una nueva modalidad de evaluación para jóvenes de estos contextos es algo poco probable de realizar, sin embargo, me quedo con esa sensación que podemos cambiar la malla curricular e incluso elaborar una con un nuevo enfoque, pero es algo similar a que si enseñáramos a armar una casa de madera que cumpla su función  y al momento de la construcción evaluáramos si está cerca del metro, con áreas verdes y con un amplio estacionamiento, porque podemos tener flexibilidad para enseñar, pero la exigencia al momento de la evaluación no cambiará,  sin embargo, es un avance importante, porque es la única forma de evidenciar una necesidad que existe y que afecta en donde más requiriere flexibilidad, ya que a priori nos topamos con jóvenes que creen que incluso haciendo todo lo que los profesionales de intervención directa digan, no lograran su meta (porque ya fallaron y muchos de la peor forma).  Aparece la coodinación y la comunicación,  como una herramienta útil, pero se apela al factor voluntario entre las partes y ese tipo de relación es débil, porque depende de las personas y su grado de compromiso con la temática. Es por ello que resulta relevante plantear la creación de un curriculum propio, con contenidos y objetivos significativos, donde se visualice la necesidad de identificar, desarrollar y potenciar habilidades y que se pueda desprender otras formas de evaluación o flexibilizaciones propias al contexto.

La verdad, es compleja la situación, tenemos dos caminos, o nos quedamos en que nada se puede hacer y culpamos a la estructuras de poder inalcanzables o comenzamos a realizar cambios de adentro hacia afuera y buscamos las formas de dar respuestas a las necesidades que existen desde acciones concretas.

No podemos cambiar nada hasta que no nos aceptamos. La condena no libera, oprime.

Carl Jung.